sábado, 14 de febrero de 2015

Expectativas...

Cada vez estoy más convencida de que la mayoría de los problemas de esta sociedad son por expectativas. En falta o abundancia. 

En falta porque crea personas conformistas que se aferran a lo primero que pasa por delante de sus ojos. Que viven insensiblemente pensando que no merecen algo mejor o que al menos el conformismo les aportará una seguridad en su vida. Porque a veces tener demasiadas expectativas supone arriesgar. Y no todo el mundo está dispuesto a ello. Algunos prefieren la vida cómoda. Y no les juzgo.  Estoy convencida de que aquellos que no se ponen grandes metas en su vida también tienen menos fronteras y muros que saltar o esquivar, y al final de su día la felicidad gana a la frustración. 

Pero sin embargo, aquellos que tienen grandes expectativas en su vida, que buscan siempre el máximo, que tienen grandes metas, cuando el camino hacia ese objetivo se hace demasiado arduo, se dan contra el muro que no vieron o supieron esquivar, y entonces la frustración gana a la felicidad. Son personas que se complican la vida, algunos podrían decir. Y estoy de acuerdo. Pero no le puedes pedir a una persona que puede dar de sí mismo el 100% que dé el 50%, porque aunque le resultaría lo más cómodo en un primer momento luego miraría hacia atrás y se daría cuenta de que no mostró al mundo la mejor versión de sí mismo.

Para esas personas que arriesgan, puede que el camino sea demasiado complicado, y el número de piedras en él, infinito. Ten por seguro que caerás, que caerás tantas que veces que habrá momentos en que estés lleno de rasguños. Y entonces en ese momento en el que el dolor te invada, pueden ocurrir dos cosas:

Que te rindas y des vuelta atrás, y vuelvas a tu vida cómoda que servirá de refugio a tus miedos. O que te vuelvas más fuerte y cada rasguño te aporte algo nuevo. Una lección sobre cómo levantarte en tu próxima caída.

Si es que escoges la segunda opción, la arriesgada, nunca cedas ni mires atrás. No olvides que al final del camino te encontrarás con la versión más completa y fuerte y de ti mismo, esa versión que volvería a hacer el camino lleno de piedras porque la recompensa es demasiado grande.


Recuerda que el camino difícil también es él que más frutos da. Si realmente quieres esos frutos, nunca dejes de soñar con ellos y algún día serán tuyos.


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